27 jul. 2015

Imagina

Imagina que estás despierta y sin rasguños.
Imagina que es domingo y eres feliz
y la calle es blanca para que vueles hacia un lugar soñado.
Imagínate feliz en playas sin gasolina,
ni lunes acorralados, imagínate
conduciendo sin preguntas.
Entonces corres a sus brazos y los dos se perdonan,
como si os pareciera una historia narrada en tercera persona,
por irreal y por bella.
Imagina que os dais cuenta
de que intentar llevar la razón te quita la paz.
E imagínate que hacéis el amor en cualquier parque
porque la vida así lo pide
y queda a cien metros la casa
y eso es demasiado esperar.
Y ya puestos a elegir
imagina que ese tipo soy yo
que esta página es mi mano
que estas letras son mi voz bajando por tu cuello.
Imagina también que somos otros
porque nos tocamos y todo cambia
y que todo aquel dolor era solo
la antesala de esta vida nueva.
Tal vez así podamos volver a estar juntos
en algún otro lugar y no solo en este poema.

28 jun. 2015

Otro texto de mi "Todos mis futuros son contigo"


Dos veces

Os dejo aquí un micropoema de mi libro "Todos los futuros son contigo"

23 jun. 2015

El doctor

Estoy preocupado,
hacía demasiado que no me encontraba así.
Siento que la vida me da patadas por el pecho,
que tengo una tropa de niños salvajes botando en las costillas,
que un brutal tsunami va a galope por mi cráneo.

He ido al doctor a por respuestas.
Dice que no me preocupe,
pero ante mi insistencia,
y para calmarme,
accedió a hacerme unos análisis
y el resultado es preocupante:
subida súbita de los niveles corporales de adrenalina,
dopamina, serotonina, oxitocina y vasopresina,
estrógenos y testosterona disparadas,
las endorfinas en ala delta por el cielo más azul de este verano.
Y no solo eso. También acuso falta de concentración,
exaltación intensa parecida a la que se produce
cuando consumes sustancias psicoactivas,
reducción de la presión sanguínea,
dilatación de los capilares subcutáneos,
disminución drástica de la sensibilidad al dolor,
las pupilas colonizando todo el iris
y además me he vuelto más valiente, temerario y audaz.

Y dice que tú eres la responsable,
que tú tienes la culpa de todo
y que no es grave,
que no me preocupe
que simplemente
me he enamorado.

2 jun. 2015

UN DÍA EN LA FERÍA (Texto de Marwan publicado en el CULTURAL del ABC)

Son las 11 de la noche en el Retiro, último día de la Feria. En este instante el afamado escritor gallego Tomás Lueiro despierta maniatado con su propia corbata y un fuerte dolor de cabeza por el tremendo golpe recibido unas horas antes. ¿Qué ha pasado?, se pregunta. Esa mañana estuvo firmando en el stand de Casa del Libro. La cola es infinita, atiende con su sonrisa horizontal perfecta y un acento diseñado para conquistar. A su lado yo, mustio como una lechuga que lleva tres meses en tu nevera, esperando a que alguien me pida una dedicatoria para mi última novela. Él sigue a lo suyo, sin mirarme, sin caer en que a su lado un colega sufre las consecuencias del tsunami que su literatura produce en comparación con el goteo de gente que se asoma por la páginas de mi libro antes de devolverlo al mostrador para, finalmente, llevarse el suyo. Ríe con fuerza, se muestra encantador y, poco a poco, su modo de garabatear tópicos y de fingir interés en lo que la gente le cuenta sobre el impacto causado por su libro, me arrastra a un estado de odio inmediato. El ardor se agrava cuando me pide que le traiga una Coca Cola. ¡Qué calor!, ¿verdad, chaval?. Me habla como a un fan cualquiera. Le respondo que yo también he venido a firmar. Es que como hace un rato que no haces nada. Y vuelve a obsequiarnos a todos con su enorme dentadura de vaca gallega. Ahí, definitivamente, se rompe algo. Poseído por la envidia y aconsejado por mi ego herido, trazo mi plan de venganza. Esta misma tarde tendremos que volver a firmar juntos y sé que no lo soportaré. La librería de la mañana nos invita a ambos a comer. Tras almorzar él decide ir al servicio, momento que yo aprovecho para decir al resto de acompañantes que necesito dar un paseo, para estirar las piernas. Acudo a la salida del servicio de la terraza-cafetería aprovechando que se encuentra a la vuelta del local. Con el galleguito de espaldas lo agarro del cuello por detrás y tras el corto forcejeo que mantenemos se golpea violentamente la cabeza contra la pared. Cae desplomado como una perdiz en un coto de caza. Por suerte no me ha visto, no sabe que soy yo. ¿Cómo puedo estar haciendo esto? Es lo más excitante que me ha pasado en mucho tiempo. Por un momento me siento un personaje de una de mis novelas. Es raro sentirse un delincuente, encuentro en ello un placer oculto. Lo llevo a rastras tras unos setos aparentando ante la gente que cruza que es un amigo borracho. Le hablo para que aquello se perciba más como anécdota que como acto delictivo. Le meto en la boca tres de mis ansiolíticos. Vas a dormir como un niño, pedazo de mejillón. Es el único insulto que se me ocurre en ese momento para el gallego. Una hora después vuelve a ponerse en marcha la feria. Preguntan por él. ¿No os habéis enterado? Por la mañana ha tenido problemas con algunos de sus lectores durante la firma y se ha marchado de malas maneras tras pelearse por ello con su editor. Varios de los seguidores que lo esperan haciendo cola escuchan mis aclaraciones. Añado algo más de fábula al relato, consiguiendo hacer reír a los libreros y a la audiencia que se ha formado. Pero yo estoy aquí y os firmo lo que queráis. Y lo cierto es que funciona. Tras anunciar el librero, entre maldiciones, que el Señor Pulpo a Feira no firmará libros, les invita a hojear lo mío: Es la revelación de la temporada, lleva cuatro ediciones vendidas. Se acercan sorprendidos a preguntarme. Pobres, ignoran que cada edición es de cien libros. Es la primera vez que me veo ante un público tan numeroso y afino mis respuestas. Parezco el gallego por la mañana, muestro interés por lo que me cuentan aunque no hayan venido por mí y comienzo a firmar. La cola va creciendo, no impresiona, pero ni dejan de venir curiosos, ni yo paro de explicar las celebradas anécdotas que suelen ofrecer los autores más esperados. Me envalentono: ¡Qué gran tarde se está perdiendo Tomás! Varios lectores asienten y se consuelan soltando tópicos: Yo sabía que había algo raro en él. Mejor no conocer a los autores que te gustan, porque al final te decepcionan; mientras agradecen mi humildad y entrega en contraposición con la soberbia del autor de Vigo. Asiento. No pueden tener más razón. Me quedo pensando en ello. Mejor no conocer a los autores de los libros que te gustan. Si realmente descubrierais cómo soy



18 may. 2015

La triste historia de tu cuerpo sobre el mío

Ni en mis mejores sueños hubiera imaginado que mi primer libro, "La triste historia de tu cuerpo sobre el mío" pudiera llegar a tanta gente como ha llegado. A día de hoy van 16 ediciones y más de 26.000 libros. Mañana sale el nuevo libro, con Planeta, una plataforma grande que me llevará a lugares donde con la editorial que creé para mis libros nunca hubiera podido llegar y es una magnífica noticia. Pero quiero aprovechar este post para acordarme de todo lo que me ha dado este primer libro, que en el fondo es lo que me habéis dado todos y cada uno de los que habéis leído el libro, habéis compartido un poema, una frase o lo habéis regalado. 

Lo escribí de Octubre de 2010 a Septiembre de 2011 y flipo con la repercusión que ha tenido, que a día de hoy sigo considerando más de la que merecía, ya que hay muchísimos poetas que escriben infinitamente mejor que yo. De pequeño no leía porque tenía la cabeza en las nubes. Me parece un milagro que algo escrito por mí haya podido llegar así a tantos y con tan buen acogida.
Aún así lo celebro y os mando desde este post toda la gratitud que pueda caber dentro, todo mi cariño y el deseo de que alguna vez alguna de mis letras vuelvan a tocaros el corazón. 



No es una despedida del libro pero con el nacimiento del nuevo siento que algo de lo viejo se marcha. Gracias por darme tantísimo, por vuestra luz y gracias al libro por traerme a tanta gente bonita hasta mi lado.



Mil abrazos



Marwan

21 abr. 2015

Coches de choque

De vez en cuando todavía cruzan las caras de algunas muchachas
como icebergs sonámbulos por mi memoria
y tras esos rostros una fila inacabable de arrepentimientos,
de fotos que no nos hicimos y daños que no prescriben.

A menudo me quedo anclado en algo que no dije
y la vida se hace un partido de tenis contra el futuro
donde las bolas son todas esas cosas que ya no puedes arreglar.

De ese modo se van yendo las horas
y la tarde me va arrastrando
como un lento carromato hacia la nostalgia,
tirando de mí hacia algún lugar
que se encuentra varios pisos por debajo de la suerte.

Y allí las encuentro a todas
hermosas y distantes como el sueño de luna de los niños.
Cuando las veo entiendo de nuevo
todo lo que nunca me logro perdonar:
no haber sabido decir las palabras correctas,
ni mentir a tiempo,
ni pedir perdón cuando faltaba.

No he sabido más que romper algunos corazones
y rematarlos en el tiempo de descuento
cuando las llamadas eran algo así
como inventarios de reproches,
una macabra competición de agravios
para sentirnos bien.

Me hubiera gustado traer algo más
en mi mochila desde el pasado,
quizá algún recuerdo que nos dijera
que hubo luz entre nosotros,
que el final no fue del todo malo.
Pero con cada una de ellas
el final fue sólo el fin.
Nada más,
ni siquiera un lugar para lamerse las heridas
o reflexionar tranquilos.
Siempre aparecía otro corazón
para continuar
con mi interminable facilidad
de hacer del amor un ring
y de un domingo una disputa.

Algún día quizá sabré cómo librarme de eso,
de mí y esta maldita forma de chocarme de frente
contra el cuerpo de quien aseguro amar,
de no saber acoger a nadie sin tirones,
sin robarle mucho,
sin que me quiten todo.

Y así me introduzco en la noche
silencioso, con la vida golpeándome en el cráneo
en mi barca remando
en dirección a la tristeza.


12 abr. 2015

Todo puede cambiar (II)

Decidieron soltar la mano a los que fueron, tiraron su vieja vida por la ventana y se pusieron a caminar en dirección a los que son cuando ningún enfado ni ninguna mala mueca ni ningún miedo los aleja de lo que sienten. Se olvidaron los ajustes de cuentas mutuos y juntos le ajustaron las cuentas al presente dándose todo lo que a veces se negaban, acercándose el uno al otro sin tanques ni trincheras. Se contaron los temores mutuos, se quitaron los disfraces, se bajaron del autobús de la apariencia y mostraron sus debilidades, sus anhelos, sus ganas mutuas de convertir sus vidas en un tren de largo recorrido para dos, en un paisaje en compañía.

 Y se bajaron. En primer lugar de sus cabezas, después de las historias que un día oyeron sobre las líneas que deben pisar los amores convencionales. Se bajaron de las palabras de todos aquellos que afirman esquetodossoniguales, esquetodassoniguales. Porque se supieron únicos cuando entendieron que el amor solo tiende puentes cuando dos no se hablan con la cabeza sino con el corazón, cuando juzgar se convierte solo en una palabra de seis letras que cae por el desagüe. Así se bajaron de sus rencores, de los que sentían hacia todos aquellos que un día les fallaron. Y en sus paladares, como una aspirina de vocales y consonantes se fueron disolviendo todas las palabras que un día fueron creadas para huir del entendimiento, todas las líneas de soldados, todos los sábados con forma de derrumbe, todos los pasados que acababan en disputa.

Así lo consiguieron.

Ambos saben que esta pureza no es eterna, que de vez en cuando habrá que renovarla, para subir un escalón más, hacia un nuevo y mayor entendimiento, que habrá nuevas caídas pero serán breves si toman esa patria mutua llamada amor como punto de partida. Ambos lo saben y así lo harán. Harán lo que haga falta para llegar a un nuevo puerto juntos, siendo más grandes. No puede ser de otro modo cuando dos se aman.

24 mar. 2015

Orgullo

Se enamoraron nada más mirarse.
Él venía dolido de otro cuerpo.
Ella creía saber cómo domarlo.
Él resolvió ser distante para gustarle.
Ella que él debía ser quien diera el primer paso.
Ambos esperaron a que fuera el otro quien hablara.
Y así fue el amor más bonito de la historia

que jamás tuvo lugar.

29 dic. 2014

FIN DE AÑO (del libro "La triste historia de tu cuerpo sobre el mío" de Marwan)

En un par de días acabará este año
y comenzará uno nuevo,
el primero en que ya no te necesite.

Conduzco el pasado con calma hasta el desguace
y la verdad es que no sé si me alegra del todo
saber que me ha llevado cinco años
superar algo que entendí en cinco minutos:
que nuestra historia era imposible
como mirar la silueta de la lluvia.
Pero ya ves, nunca he sido diestro
en las tareas del olvido,
nací sin saber descifrar bien
la caligrafía de un adiós.

Resulta agotador que en nuestras cabezas
siempre tenga que ser todo para siempre,
y es jodido entender que formo parte
de ese ejército de hombres tristes
del que suelo hablar en los poemas cuando no hablo de mí.

Y no es hablar de una edad en que
el sudor dictaba el horario de las sábanas
ni de tu dulce recuerdo
cuando me hacías el amor en la cocina.
No es eso. No siento nostalgia de ti,
sino nostalgia de mí,
del chico que se atrevía
a tener una cita a ciegas con su destino
y volvía, quizá golpeado, pero convencido.

Buscábamos olvidar y lo logramos.
Aquí te dejo la herida de la victoria,
de entender que ese olvido
es saber que en el fondo
no fue posible nuestra historia
y que ahora hay que desaprender el camino
que conduciéndome a esa ciudad llamada nosotros

me llevó tan, tan lejos de mí.