21 abr. 2015

Coches de choque

De vez en cuando todavía cruzan las caras de algunas muchachas
como icebergs sonámbulos por mi memoria
y tras esos rostros una fila inacabable de arrepentimientos,
de fotos que no nos hicimos y daños que no prescriben.

A menudo me quedo anclado en algo que no dije
y la vida se hace un partido de tenis contra el futuro
donde las bolas son todas esas cosas que ya no puedes arreglar.

De ese modo se van yendo las horas
y la tarde me va arrastrando
como un lento carromato hacia la nostalgia,
tirando de mí hacia algún lugar
que se encuentra varios pisos por debajo de la suerte.

Y allí las encuentro a todas
hermosas y distantes como el sueño de luna de los niños.
Cuando las veo entiendo de nuevo
todo lo que nunca me logro perdonar:
no haber sabido decir las palabras correctas,
ni mentir a tiempo,
ni pedir perdón cuando faltaba.

No he sabido más que romper algunos corazones
y rematarlos en el tiempo de descuento
cuando las llamadas eran algo así
como inventarios de reproches,
una macabra competición de agravios
para sentirnos bien.

Me hubiera gustado traer algo más
en mi mochila desde el pasado,
quizá algún recuerdo que nos dijera
que hubo luz entre nosotros,
que el final no fue del todo malo.
Pero con cada una de ellas
el final fue sólo el fin.
Nada más,
ni siquiera un lugar para lamerse las heridas
o reflexionar tranquilos.
Siempre aparecía otro corazón
para continuar
con mi interminable facilidad
de hacer del amor un ring
y de un domingo una disputa.

Algún día quizá sabré cómo librarme de eso,
de mí y esta maldita forma de chocarme de frente
contra el cuerpo de quien aseguro amar,
de no saber acoger a nadie sin tirones,
sin robarle mucho,
sin que me quiten todo.

Y así me introduzco en la noche
silencioso, con la vida golpeándome en el cráneo
en mi barca remando
en dirección a la tristeza.


12 abr. 2015

Todo puede cambiar (II)

Decidieron soltar la mano a los que fueron, tiraron su vieja vida por la ventana y se pusieron a caminar en dirección a los que son cuando ningún enfado ni ninguna mala mueca ni ningún miedo los aleja de lo que sienten. Se olvidaron los ajustes de cuentas mutuos y juntos le ajustaron las cuentas al presente dándose todo lo que a veces se negaban, acercándose el uno al otro sin tanques ni trincheras. Se contaron los temores mutuos, se quitaron los disfraces, se bajaron del autobús de la apariencia y mostraron sus debilidades, sus anhelos, sus ganas mutuas de convertir sus vidas en un tren de largo recorrido para dos, en un paisaje en compañía.

 Y se bajaron. En primer lugar de sus cabezas, después de las historias que un día oyeron sobre las líneas que deben pisar los amores convencionales. Se bajaron de las palabras de todos aquellos que afirman esquetodossoniguales, esquetodassoniguales. Porque se supieron únicos cuando entendieron que el amor solo tiende puentes cuando dos no se hablan con la cabeza sino con el corazón, cuando juzgar se convierte solo en una palabra de seis letras que cae por el desagüe. Así se bajaron de sus rencores, de los que sentían hacia todos aquellos que un día les fallaron. Y en sus paladares, como una aspirina de vocales y consonantes se fueron disolviendo todas las palabras que un día fueron creadas para huir del entendimiento, todas las líneas de soldados, todos los sábados con forma de derrumbe, todos los pasados que acababan en disputa.

Así lo consiguieron.

Ambos saben que esta pureza no es eterna, que de vez en cuando habrá que renovarla, para subir un escalón más, hacia un nuevo y mayor entendimiento, que habrá nuevas caídas pero serán breves si toman esa patria mutua llamada amor como punto de partida. Ambos lo saben y así lo harán. Harán lo que haga falta para llegar a un nuevo puerto juntos, siendo más grandes. No puede ser de otro modo cuando dos se aman.

24 mar. 2015

El amor más bonito de la historia

Se enamoraron nada más mirarse.
Él venía dolido de otro cuerpo.
Ella creía saber cómo domarlo.
Él resolvió ser distante para gustarle.
Ella que él debía ser quien diera el primer paso.
Ambos esperaron a que fuera el otro quien hablara.
Y así fue el amor más bonito de la historia

que jamás tuvo lugar.

29 dic. 2014

FIN DE AÑO (del libro "La triste historia de tu cuerpo sobre el mío" de Marwan)

En un par de días acabará este año
y comenzará uno nuevo,
el primero en que ya no te necesite.

Conduzco el pasado con calma hasta el desguace
y la verdad es que no sé si me alegra del todo
saber que me ha llevado cinco años
superar algo que entendí en cinco minutos:
que nuestra historia era imposible
como mirar la silueta de la lluvia.
Pero ya ves, nunca he sido diestro
en las tareas del olvido,
nací sin saber descifrar bien
la caligrafía de un adiós.

Resulta agotador que en nuestras cabezas
siempre tenga que ser todo para siempre,
y es jodido entender que formo parte
de ese ejército de hombres tristes
del que suelo hablar en los poemas cuando no hablo de mí.

Y no es hablar de una edad en que
el sudor dictaba el horario de las sábanas
ni de tu dulce recuerdo
cuando me hacías el amor en la cocina.
No es eso. No siento nostalgia de ti,
sino nostalgia de mí,
del chico que se atrevía
a tener una cita a ciegas con su destino
y volvía, quizá golpeado, pero convencido.

Buscábamos olvidar y lo logramos.
Aquí te dejo la herida de la victoria,
de entender que ese olvido
es saber que en el fondo
no fue posible nuestra historia
y que ahora hay que desaprender el camino
que conduciéndome a esa ciudad llamada nosotros

me llevó tan, tan lejos de mí.



23 oct. 2014

La batalla más grande del mundo

Cada vez que una madre acaricia a su hijo.
Cada vez que una persona devuelve el cambio de más que el tendero le dio equivocadamente.
En cada llamada a alguien que de verdad lo necesita.
En las manos de un enfermero que gasta los mejores años de su vida cuidando a otros que tuvieron menos suerte.
Cada vez que respiras un segundo tras un ataque frontal y no devuelves los misiles.
Cada vez que dimite avergonzado un ministro por coherencia ante un error inasumible.
Cada vez que una señora es ayudada a cruzar la calle.
En la noticia en que se dona la patente de una vacuna milagrosa que salvará de la muerte a África.
En el click del donante anónimo en la web de la ONG que confirma 12 euros al mes.
En el hombre que despierta deseando el bien en todas partes.
En la cabeza de quien respeta a quien camina por la otra orilla política, en las antípodas de su ideología.

Cada vez que esto sucede, en todos estos lugares la luz está arrinconando a la oscuridad.
Conviene acordarse de esto de vez en cuando,
porque a menudo pensamos que la vida eso sólo lo otro,
la ausencia absoluta de luz,
el egoísmo,
el agravio
y la condena.

11 sept. 2014

Dos mitades

Cundo los cuerpos ya no saben dónde están,
cuando nuestras bocas ya han perdido el pasaporte
y viajan sin fronteras por el vientre.

Cuando la noche suda a través de nosotros
y lo inesperado es sólo una forma del lenguaje,
cuando los sentidos aplastan la prudencia
y la lengua busca rincones donde hilar una epopeya.

Cuando la ropa va dibujando un sólo mapa por el suelo
y las manos anulan en un sexo toda lógica
y la piel es el lugar donde se inicia un paisaje.

Cuando de tanto mirarnos nos salen verbenas en los ojos
y el olvido va escribiendo su epitafio
y por eso todo empieza.

Cuando nos desabrochamos la cordura
tú a mi
yo a nosotros
y el proyectil vuela
e impacta sobre todos los que piden sensatez y recato.

Correrse juntos es la forma más bella de espantar a la soledad,
de desalojar de entre las piernas a la angustia.

Una mujer.
Un hombre.
Dos mitades de un mismo orgasmo
y una cama masacrada
y una sábana que pierde la calma
que pide un bis,
que gustosos,
tras recuperar el aliento,

le volveremos a conceder.