27 ene. 2016

Sabina

Sabina sabe mucho de ti,
te baja las bragas bajito,
como nadie,
te incorpora
y te clava una metáfora bien dentro.

Sabina nos sabe de memoria,
sabe que tú me olvidaste
y que yo me vengué en la piel de otra mujer
que sabía mucho menos
y ardía mucho más,
pero en el sentido malo de las cosas.

Él me ha contado lo que siento,
todo lo que siento.
Sabina es un diván,
es mi terapia de portazos
y pequeñas victorias,
es un soneto sobre la fiebre de tenernos
y volvernos a perder,
endecasílabos rotos
por la esquina más torcida de cada corazón.

Sabina es el nobel de la paz de mis entrañas,
mis ganas de encontrarte dentro,
un corazón planeta entero,
un sentimiento desmesurado que se cae al pentagrama,
la manera que eligió la vida de mostrarse frente a mí.

Cada uno tiene sus maestros
y yo lo tengo a él,
para contármelo todo,
lo que fui,
lo que soy,
lo que seré,
contigo,

sin ti.

3 ene. 2016

"Todos mis futuros son contigo" en Latinoamérica

Ya está el libro nuevo en varios países de Latinoamérica:
- CHILE: Me dicen que en Librería Antártica está..al menos online, en este link: http://www.antartica.cl/antartica/servlet/LibroServlet?action=fichaLibro&id_libro=173322
- COLOMBIA: En las principales librerías. Info escribir en Twitter a @PlanetaLibrosCo y allí os informan.
- ARGENTINA: En las librerías Yenny El Ateneo, Cúspide o Distal.
- MÉXICO: En librerías Gandhi, Porrúa, Gonvill, El Sótano, El Péndulo, Sanborns, Liverpool, etc.
- LIMA: Solo están en la LIBRE DE BARRANCO (Av San Martin 144).
- CIUDAD DE GUATEMALA: En Watson Books and Coffee (Paseo Cayalá).

Para los países donde no esté aún, como Ecuador, resto de Perú, Venezuela, Uruguay, lo podéis pedir en esta web y os lo envían a cualquier lugar, aunque Venezuela no creo que lleguen. Este es el enlace:



23 dic. 2015

Haz lo que hacen los hombres

Estos días estoy escribiendo muchos poemas y canciones. Os dejo uno que hice el otro día. Ojalá os guste

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Haz lo que hacen los hombres

Por mucha experiencia que tengamos en asuntos de amor,
por mucho que hayamos aprendido de las derrotas del pasado,
te diré que puede volver a caer la cornisa del adiós sobre tu casa
y dejarte como la primera vez, buceando entre escombros,
haciendo largos en una charca de cemento.

Porque cada persona que se va, cuando has amado,
siempre es la primera y ese dolor siempre es el Dolor.

No hay manera de regatear las consecuencias,
no se puede sacar a codazos a la angustia
de esa pista de baile donde pincha música el fracaso,
y tampoco se puede despistar al olvido,
ni hacer que la soledad se derrumbe
a la primera boca que se cruce con saliva,
ni reducir los daños.

Así que cuando llegue el adiós,
no pretendas esquivar lo que la vida imponga
y haz lo que hacen los hombres:
llora como un niño.

14 dic. 2015

Las urnas

Posiblemente las urnas estén cansadas
de recibir los dedos mediocres
de quien lanza votos
hacia el lado doloroso de la desigualdad.

Digo yo que estarán a la espera
de quien guarda la ilusión
de convertir ese recipiente en una fiesta,
a la espera de quien sabe que en una caja de metracrilato
pueden caber los sueños luminosos de los hombres
que quieren democratizar las cosas más bellas del mundo
y reservar el derecho de admisión a la precariedad y sus antojos.

Digo yo que vayamos a las urnas
con antílopes saltando en nuestro pecho,
con el alma de etiqueta y los zapatos de baile,
con las manos dispuestas a agarrarle la cintura a la democracia.

No seas otro que permita
que no le dejen buscar un hogar en su propia casa.
Cerremos ya esos votos
que hacen de España un terreno rodeado de vallas
para que los sueños que quieran salir al mundo
no encuentren ningún modo de hacerlo.

Cada voto es un eslabón,
una intención generosa o funesta,
un paso más de carrerilla hacia el vacío
o hacia el barrio más cercano a la justicia.

¿Has pensando ya hasta dónde podemos llegar
lanzando el corazón adentro de esas urnas?

¿De verdad te gusta como está el país en que vivimos?

26 nov. 2015

Llamar al pasado

Cuando quieras llamar al pasado espera al amanecer.

Cuando el punzón del tiempo te busque
no hagas caso a la nostalgia de las madrugadas,
porque la noche convierte todo
en un desfile inagotable de derrotas,
en una inacabable despedida.

No te dejes convencer por los caballeros negros
que te hablen a las tres de la mañana,
ni por el navajazo más sucio de la noche
cuando tu casa parezca Siberia
y no haya más latido que el de un corazón comunicando.

Cuando quieras llamar al pasado espera al amanecer.

Has de saber que por la noche la nostalgia se amplifica,
que Sabina tardo en olvidarla 19 días y 500 noches
y tú no llevas más de 30,
que te quedan muchos relojes por delante,
pero aguanta, muérdete las ganas,
cósete las manos al sillón
donde la calma intenta que escuches su mensaje.
Aunque no haya calma ni consuelo,
espera a la mañana, por favor te lo pido.

Cuando quieras llamar al pasado espera al amanecer.

Porque añorar otro cuerpo a ciertas horas
es dar pedales hacia un muro
y los minutos son poco más que piel de lija
para dejar en carne viva
los deseos que dejaste sin cumplir.

Hazme caso.
Desescribe las palabras,
no las borres —para no dejar ni el cerco—,
limpia las huellas con un verso de Neruda,
camina por la parte oculta de la luna
para que nada dé contigo
y no le des ni una pista a la amargura
porque de noche va de puerta en puerta
ofreciendo su pensión a los más tristes.

Cuando quieras llamar al pasado espera al amanecer.

La luz del alba te salvará de ti,
de la sábana de todos tus fantasmas.
Aguanta, hazlo como sea,
espera a la mañana,
y todo será diferente,
habrás ganado otra batalla.

Entonces podrás celebrarlo,
respirarás aliviado porque el día lo cambia todo de color.

Llena entonces la despensa de luz para las 12,
para las 2, para las 4,
para la noche que de nuevo se avecina,
como una novia con la nostalgia colgada del brazo.

Porque en las horas que restan
vas a tener que librar otra batalla,
la del corazón contra el tiempo,
la del amor contra la noche,
y vas a salir golpeado,
pero por lo que más quieras,

no llames, espera al amanecer.

8 nov. 2015

Mis amigos y yo

Todos mis amigos, yo,
tenemos una mujer cosida a la memoria,
el recuerdo de unas medias tiradas en el suelo del alma,
dos ojos borrosos que nos miran desde el otro lado de la soledad,
el lado donde los mensajes ya no duelen,
el lado donde nadie está abrochado a la derrota,
ese lado tuyo,                       este lado mío.

Y mis amigos saben,
al igual que yo sé,
que no hay poema que conecte con la pena
como la imagen de tu cuerpo a tu partida,
cuando éramos los mismos pero ya nada era igual.

¿Qué hace que el amor perdure o eche el freno?
¿Quién empuja al corazón hasta el desguace?
¿Quién lanza la moneda para que caiga por el lado de los sueños rotos?
¿Quién va a romperte el corazón para que me comprendas
y sientas piedad por mí cuando ya sea muy tarde?

Demasiadas preguntas
que no puedo pasar a limpio ni tachar,
si no es tu pelo cruzando por mi tarde
sin ruido y con maletas.

Mis amigos ayudan, lo hacen más llevadero,
saben de lo que hablo.

Ellos también tienen una mujer cosida a la memoria.

2 nov. 2015

La historia de los amores imparables (II)

Muchos me dicen que su poema favorito de mi último libro es "La historia de los amores imparables". Aquí os dejo su continuación. Es largo pero creo que merece la pena y que os puede gustar.

.::: LA HISTORIA DE LOS AMORES IMPARABLES (II) :::.

Nadie puede salvar a otro de sus dolores, de sus seísmos, de sus incendios elegidos. Cada uno tiene su precipicio del que enamorarse, el huracán que lo hace sentir tan vivo como devastado acaba dejando su pasado cuando éste se dirige al porvenir.

Intentamos rescatar al resto para que no les duela, para que no tropiecen, pero cada uno toma sus decisiones, cada uno hace sus elecciones y poco podemos prevenir. ¿Qué le dices al joven que vive una relación de bandazos en la que alterna tormento con pasión en carne viva? ¿Que se aparte de alguien que le provoca ese fuego irreparable? ¿Que renuncie a esos minutos que nunca más tendrá en su vida? ¿Que no juegue el torneo? ¿Te dejarías tú convencer por alguien que te dijera eso? ¿Por alguien que te sugiriera que midieras, mientras tú flotas por encima del colchón al lado del rostro más hermoso, del cuerpo más devastador?

Necesitan vivir esas pieles para aprender que esos amores dan muy buenos poemas y muy malos momentos, noches de ensueño y días rotos, expediciones a lo desconocido y el asco de los sueños al romperse contra el suelo, cumbres y plagas. Necesitan esa pasión destructiva para aprender algo, lo que sea que necesiten aprender: que ningún amor puede salvarlos, que la pasión es impagable pero se apaga y entonces deja al descubierto un amor raquítico de vuelos sin motor y pérdida de todo. Tienen que perder para crecer. Perder, solo eso. Necesitan perder la inocencia, probarlo, golpearse, deshacerse en el placer, acribillarse, diluirse el uno en el otro, romperse el uno al otro, matarse el uno al otro, beber del manantial de sus sentidos antes de pisar tierra firme.

Y nos duele. Nos duele no poder rescatarlos de aquello que nosotros vemos (o ya vimos en nosotros) y ellos, ciegos de saliva no ven. Pero no podemos vivir por nadie, aprender por ellos, traspasar nuestra experiencia con las manos como quien entrega un paquete a otro. Cada cual tiene su tiempo, cada corazón se rompe de un modo y cada uno elige el camino para ser feliz aunque en este caso sea el camino para dejar de serlo. Porque el fuego que arrasa solo deja ceniza a su paso y hay que asumirlo. Porque el amigo o la hermana que se hunde en esos rotos algo tiene que probar, algo tiene que aprender y hay que hacerlo, sea como sea, dejar libre la pista para que se estrelle a su manera y esperar. Esperar a que un día ya esté todo lo suficientemente roto como para que solo le quede un amigo o un familiar al que agarrarse para salir de la espiral que nos fabrica la pasión cuando es sin parachoques. Y ahí estaremos esperando para ayudar, como otros lo estuvieron con nosotros.

He escrito esto porque tengo un amigo que pasa por esto y ha dejado sin pistas a una mujer maravillosa con un agujero en la tripa. La ha cambiado por una pasión ciega de caballo desatado, atizado por un deseo inabarcable que le clava las espuelas y no se ve capaz más que de una cosa: correr hacia ese cuerpo. Correr sonámbulo, en un sprint hacia una pared con nombre de mujer. Pobre. Le deseo la mejor de las suertes porque le va a hacer falta. No sabe dónde se ha metido, ni lo más importante, en quién se ha metido.